Entre tazas, se acumulan los días. Cada conversación deja un rastro; cada encuentro, un eco que permanece. En esta serie, las tazas dejan de ser objetos domésticos para convertirse en testigos silenciosos del tiempo, contenedores de memoria y formas que encarnan los vínculos humanos. “Y si las tazas hablaran, que dirían” propone imaginar lo que ha quedado suspendido en ellas: las palabras dichas y las que no, los silencios compartidos, los comienzos que no sabían que lo eran y las despedidas que regresan, una y otra vez, bajo la excusa de encontrarse. Las esculturas nacen de gestos cotidianos acercar, sostener, posar, reunir y los transforman en una poética de la relación. Las piezas se elevan, se inclinan, se buscan o se sostienen entre sí, como si llevaran en su forma aquello que también nos atraviesa: la intimidad, la complicidad, la ausencia, el paso del tiempo. Porque hay encuentros que, aunque parezcan simples, terminan por convertirse en la manera en que recordamos quiénes fuimos cuando estuvimos juntos.